sábado, 29 de mayo de 2010

Sin pensar en todo sinónimo de Responsabilidad!


Ya falta poco para que terminen los exámenes, animosa y con ganas de que se termine el aburrimiento, los agobios, las caras mustias, el no saber que decir, mirar cada minuto la hora...sólo tiempo para disfrutar del verano, del sol, de la playa, no mirar el reloj, estar hasta que se haga de noche tirada en la arena riendo, hablando y disfrutar del silencio que se hace cuando todo el mundo se va, la sensación de la arena fria en los pies, el último baño, las duchas rápidas, las marcas del bikini, las espaldas rojas, la crema que te deja pegajoso, los días largos, las noches de calor haciendo de "croqueta" en la cama.. en fin! disfrutar agusto de cada minuto sin pensar en la uni, exámenes, horarios, trabajos y en todo sinónimo de RESPONSABILIDAD.... Julio se presenta un pelin complicado, pero nada comparable con el mes de Mayo....

miércoles, 26 de mayo de 2010

Régimen del ánimo


Aqui va una entrada un tanto larga. Hay veces que vemos que la gente que nos rodea está a régimen, pero no del de cerrar la boca con cremallera, sino del del ánimo.



"Nuestro cerebro está preparado, tras millones de años de evolución, para organizar la información necesaria en el actuar humano sobre el mundo. Constantemente fabrica deseos, estudiando su viabilidad. El ánimo es el resultado de esa producción constante de acciones: la forma que poseemos de vivir el éxito o el fracaso de ellas.
Las sensaciones del ánimo dependen del hecho de traernos cosas entre manos con un relativo éxito acumulado y con la promesa de futuros goces. Es consecuencia de los deseos, tanto por el hecho de tenerlos, y así encontrar un sentido a la vida; bien por estar realizándolos, y así estar cerca de un placer ansiado; o finalmente, por estar gozando de lo ganado a pulso y de esta forma haber ampliado el poder personal. En resumen, hay tres momentos de ánimo según los tres momentos de desarrollo de la acción:
-el ánimo por lo que vendrá.
-el ánimo por lo que está sucediendo.
-el ánimo por lo sucedido.
Siempre que queremos lograr algo debemos contar primero con las condiciones necesarias acumuladas por nuestros méritos y capacidades a lo largo de nuestra experiencia, y a continuación tener la habilidad de plasmar en la realidad lo deseado. Es decir, para realizar algo debemos:
-querer-hacer.
-saber-hacer.
-poder-hacer.
La acción en el mundo que nos redea es la forma de ir adquiriendo poder. Cuanto más poder tengamos, más posibildades de riqueza (en sentido general, tanto material como espiritual). Aumentar nuestro poder es expansionarnos, llegar más extensamente al mundo de nuestro entorno (tener más amigos y mejores, más y perfectos conocimientos, etc.) Por el contrario, disminuir nuestro poder implica reducirnos, estar pasivos frente al mundo, sin sacar prácticamente nada de él. La máxima reducción de un ser humano es el punto que representa una inmovilidad absoluta, que puede observarse en las depresiones graves.
Cuando decimos que podemos-hacer tomamos conciencia de un nivel de nuestras posibilidades de conseguir y obtener ciertos rendimientos deseables, o evitar otros desagradables. Ello va acompañado de orgullo personal, de una excelente imagen de uno mismo, de un sentido de valía propia, de una especie de certificado de nuestros méritos a partir del cual hemos de contar y atrevernos en consecuencia.
La conciencia de poder-hacer nos empuja a la ambición, esto es, puesto que tenemos los medios podemos a través de un cierto trabajo, de un esfuerzo, llegar más lejos en el disfrute de la vida y en la adaptación al mundo social e histórico que nos toca vivir. Esta ambición en unas ocasiones es socialmente aceptada y premiada, como cuando un deportista supera un record o un padre ambiciona el éxito en la vida de su hijo, y no digamos lya la ambición modesta de sobrevivir; en otras ocasiones es censurada y castigada por la ley o por el desprecio público, como la ambición de un ladrón, o la ambición de un presumido o la pretensión de ser original.
El ánimo, la ilusión o desilusión, tienen como punto de partida creer que uno mismo tiene poder, posibilidades de dibujar en su horizonte futuro deseos que se realizarán con el esfuerzo.
Los juicios que hacemos sobre nuestro poder-hacer deben ser justos con nuestros verdaderos méritos y capacidades. si calculamos por encima, soberbiamente, chocaremos con la realidad, que no alcanzaremos como esperábamos ilusoriamente. calculamos por debajo, por falta de ambición de vivir con placer o por la falsa creencia de que no tenemos los méritos y capacidades suficientes, nos perderemos placeres que si hubiésemos calculado mejor obtendríamos con el esfuerzo adecuado.
En principio no resuslta imposible, aunque sí difícil, saberese ajustar siempre a lo que precisamente podemos-hacer en cada momento para sacar el mayor partido a la vida.
Una forma de desajuste la representa el exceso de euforia debido a una falta de cálculo de fla realidad de nuestras posibilidades y de la verdadera dificultad de realización. Ello puede ocurrir de diversas maneras:

a) por soñar con quimeras, con imposibles. Por ejemplo alguien puede creer que llegará a ser Rey de Dinamarca, lo cual resulta en principio imposible. O alguien que se le ocurre empezar a escribir novelas y esté convencido de que le darán el Nobel de literatura, lo cual, si bien tiene la virtud de entusiasmarlo no debe creerselo demasiado si no quiere sentirse cruelmente decepcionado.
b) por no poseer suficientes méritos como para alcanzar lo que quiere.
c) por no afrontar con el suficiente esfuerzo y trabajo las resistencias que la realidad plantea a sus deseos.
d) por quedarse en el puro deseo y no dar siquiera los primeros pasos para traducir el deseo imaginario en realidad conseguida.
Cuando nos encontramos con personas exaltadas sin auténtico fundamento vemos que el fallo que suelen cometer es no tener suficientemente en cuenta las limitaciones propias y de la realidad. A menudo la persona no acepta los límites que le impone la realidad física: ser nacido con determinado cuerpo, en determinado momento histórico y social. El cuerpo es el límite de determinado momento histórico y social.El cuerpo es el límite de nuestra imaginación: nosotros quisiéramos hacer algo que nos imaginamos en nuestra cabeza, pero a la hora de realizarlo hemos de mover nuestro cuerpo en el tiempo de que disponemos, rodeados dee las cosas y las otras personas con su voluntad propia e independiente de nuestro capricho, el mundo palpable que nos envuelve y nos devuelve a la dimensión de una realidad cuyas leyes no son las de nuestra voluntad.
Por este motivo, si una persona sube ilusamente a las alturas en las que no puede sostenerse, luego cae con estrépito. Contra más irreal es el ánimo más cruel y crítico resulta después el reconocimiento de la verdad. Algunas personas pasan de vivir en las nubes a una amarga decepción.
Para el saber humano tiene mucha importancia el sentimiento de progreso, o lo que es igual, tener la idea de que "le van bien las cosas". Así la búsqueda fundamental del hombre es conquistar bienestar (en el doble sentido de conquista: alcanzar y conservar lo conseguido).
La intensidad del placer, de la vida como goce, depende entonces de que la persona se vea siempre en una buena posición. Si ve que se degrada, ello le resta placer, y su intensidad de vida disminuye, hasta llegar un momento en que está deprimido si no sabe parar de alguna forma esa pérdida de posiciones. La forma práctica de vivir más interesante es tener deseos, proyectos importantes para la persona, y luchar para conseguirlos en cada instante o etapa de su vida.
Para cada tiempo de la vida la persona se hace una posición: ha llegado a experimentar un grado de intensidad vital y a partir de ahí mejorar quiere decir sentir cosas igual de buenas o mejores, a traveés de los proyectos que pueda-hacerse.
Cuando el sujeto tiene exaltaciones irreales se lmete en un buen lío. Por lo que acabamaos de decir sólo se encontrará bien si es capaz de experimentar cosas igual de buenas o mejores, pero como apuntó demasiado alto en sus sueños le resulta ahora muy dificil encontrar en la realidad sustitutos igualmente interesantes. En estos casos la única salida que tiene el sujeto es mejorar urgentemente su vida cotidiana, aportando tal riqueza a sus relaciones (familiares, amistosas, con sus aficiones, etc.) que sus éxitos le den más goce que las intensas ilusiones irreales.
Estas mismas consideraciones valen para los casos en los que nos encontramos con adicciones a drogas que dan al sujeto experiencias ricas por laj via de la sustancia química, y que se convierten en competidoras a la hora de compararlas con las que le proporciona al sujeto la cruda realidad. La única forma de salir de un conflicto de esta índole es encontrar una alternativa a la vida real que resulte lo suficientemente atractiva.
Al igual que el éxito de la acción nos da una familia de sensaciones variables, como estar contentos, alegres, optimistas, eufóricos o exaltados, también los fracasos tienen su familia de sensaciones, como cuando decimos que estamos melancólicos, tristes, cansados de todo o con ganas de desaparecer de este mundo.
El fracaso es la manera de tomar conciencia de no-poder-hacer un deseo que tenemos. Es reconocer que no avanzamos, que nos reducimos.
No podemos deprimirnos si antes no hemos saboreado el aguijón del deseo. Es imposible desanimarse si no hay antes un ánimo que desanimar. Cuando alguien dice que se deprime porque no tiene ilusiones, eso es una manera de hablar, pero lo cierto es que sí tiene algunos deseos, lo que ocurre es que no se desarrollan, o bien ni siquiera la persona intenta realizarlos dándolos por adelantado como fracasados.
Reconocer la imposibilidad de un deseo es imprescindible en muchas ocasiones para adecuarnos a la realidad. La práctica nos impone la renuncia a algo que realmente no-podemos-hacer. Si en estas ocasiones no lo aceptáramos (esto es el duelo, el dolor de perder) nos dedicaríamos tontamente a trabajar para algo condenado por sistema al fracaso. El duelo es el reconocimiento de la imposibilidad, y sirve para que dejemos de desear lago -una y otra vez- que es inviable.
Así, cuando muere un ser querido, nos despiden del trabajo, fracasamos en una relación amorosa, nos arruinamos, etc. tenemos que aceptar que la vida no puede seguir igual que antes, que tenemos que vivir de otra manera. Ya no-podemos seguir conviviendo con el ser querido, o contar con el dinero del trabajo, o amando y siendo amados por nuestra pareja. Hay en juego un fracaso del deseo, inevitable dada la situación. Ello no implica fracasar en todo y para siempre, sino simplemente en ese conjunto de deseos que era una parte de nuestra vida, por importante que fuera.
La depresión se convierte muchas veces en un dolor innecesario. Por ejemplo, al extender el fracaso desde una parte que verdaderamente va mal a todas las demás cosas que van bien o podrían ir bien si nos molestásemos-. Otro ejemplo es cuando agrandamos la magnitud del fracaso reprochándonos injustamente una falta de méritos y capacidades, echándonos tierra encima, hiriéndonos a nosotros mismo para sufrir más el caliz del dolor.
Las diversas formas de deprimirse innecesariamente son las que se corresponden con las formas de fracasar por considerar una situación imposible sin serlo realmente:
a) por no-poder pasar del deso al acto físico:
Podemos concebir un deseo, pongamos el caso que sea el de leer para mejorar nuestra cultura o disfrutar por saber cosas y aprender, y no pasar al acto, y fracasar porque el esfuerzo que implica comenzar a concentrarse en la lectura choca con nuestra pereza, nuestra impaciencia, etc. y preferimos abandonar antes que pasar un mal rato luchando con las palabras.
El esfuerzo, antes de realizarlo o mientras lo realizamos, parece penoso y que el precio que cuesta llevarlo a cabo resulta demasiado desagradable, pero después de realizado nos compensa más de lo que nos hizo sufrir, porque nos acerca al premio final de éxito y gozamos por su real cercania. Hay que tener en cuenta que a veces hay que saber gozar del éxito: puede ocurrir que nos fijemos más en lo que nos falta todavía que en lo que ya hemos avanzado.
En ocasiones no queremos saber nada del después del esfuerzo y miramos con malos ojos el antes-y-mientras sufrimos por el esfuerzo. Esta manera injusta de mirar el trabajo nos resta un placer que podríamos sentir a medida que logramos paso a paso lo que queremos. El deprimido lo que hace es tal errónea composición de lugar y renuncia al deso para no sufrir realizándolo: se cuida, pero se cuida mal.
b) por no-poder realizar un deseo por falta de méritos y capacidades:
Al tener un deseo podemos volvernos hacia nosotros mismos y juzgarnos incapaces de realizarlo alegando una acumulación de motivos más que sospechosos: hemos perdido el poder de concentración, de memoria, no tenemos suficiente inteligencia, nadie estará interesado en nosotros una vez que nos conozca, no tenemos valor alguno, etc. Esta larga serie de no-poder-hacer se basa en desconfiar de nuestra experiencia acumulada: al recordar por ejemplo tan sólo las cosas que hicimos mal, olvidarnos de los amigos que tenemos o las capacidades que poseemos, podemos llegar a la conclusión de que todo eso se ha perdido por alguna enfermedad misteriosa o arte de magia, desgaste o existencia ilusoria. Todas estas sospechas, dichas a alguien, parecerían una crítica feroz: no porque nos las digamos a nosotros mismos dejan de tener menos efectos, ya que es esta una manera de agobiarnos y de destruir nuestros deseos.
La auto-destrucción, al auto-critica exageradas, nacen como una respuesta de rabia frente al esfuerzo realizativo. Es decir, que el orden de acontecimientos sería el siguiente: primero el depresivo tiene un deseo, a continuación tendría que pasar a realizarlo, y por lo tanto animarse, pero el trabajo de hacerlo le resulta sumamente antipático; a continuación se dedica a cultivar esa rabia que a surgido como protesta frente al esfuerzo, complaciéndose en llamarse inútil, incapaz, etc. De esta forma el deprimido se vuelve intolerante frente a pequeños esfuerzos, y comienza a habituarse a renunciar a sus deseos antes que ponerse a pasar el trago de ese trabajo que tanto le cuesta tomarse. En la medida en la que decide renunciar se habitua, como si se tratase de un adicto, a la pereza, de tal forma que en casos extremos le resulta odioso incluso moverse o levantarse de la silla. Por esta razón decíamos antes que el máximo de depresión conduce a la inmovilidad, que es una experiencia de horror de vivir (ya que vivir quiere decir actuar en el mundo).
Otro tema del deprimido, cuando se convence a sí mismo de que no-puede-hacer esto o lo otro, es el de que no es responsable de su vida, que no puede elegir hacer o no hacer un esfuerzo, que le conduciría inmediatamente a una mejora. Supongamos que estoy deprimido por una separación amorosa. Al llegar a casa por la noche puedo tomar la decisión de matar la angustia leyendo, mirando la televisión, realizando alguna afición, etc. o bien puedo dedicarme a ahondar mi desgracia leyendo las cartas de tiempo atrás, las fotos antiguas, recordar lo felices que fuimos, lo mal que se portó conmigo, etc. Pues bien, estando deprimidos solemos tomar la peor decisión, y además nos decimos que "no podemos hacer otra cosa"
Esta idea de que no se puede eligir hacer algo que nos animaría suele partir de una falsa versión general de lo que es la depresión: es como si a un reumático se le ocurriera la idea de que no puede ver la televisión; de la misma forma el deprimido cree a pie juntillas que no puede hacer esto o lo otro, y con ello se justifica a si mismo el abandono a su dolor. Y no sólo eso, tembién exagera y deforma su propia situación todo lo que puede.
Es cierto que el deprimido está desanimado, pero el desánimo no anula la capacidad de esforzarse y tomar decisiones razonables, de tal manera que puede llevar una vida normal tranquilamente, aunque a él le parezca "insoportable".
La mayoría de deprimidos acostumbran a mentalizarse de que son tontos, tarados, estúpidos, no sirven para nada, etc. con la finalidad de construirse una imagen personal reducida, que a su vez les permita abandonar un mundo cuyas riquezas ellos "no están capacitados" para conseguir. Como se ve la cuestión es amargarse como sea, y para ello cualquier pretexto es bueno: por esta razón ocurre que hablando con un depresivo se tenga la sensación de que nunca acaba de tener cosas de las que lamentarse. Las inventa sobre la marcha para sentirse mal todo el tiempo. cuando protestamos por su actitud y le demostramos enérgicamente sus exageraciones notamos cómo se sonrie pícaramente como un niño pillado en falta... (y descubre de paso lo vulnerables que somos intentando razonar con amorosa perseverancia combatiendo sus inacabable desaliento).
c) por no-poder seguir adelante debido a obstáculos considerados insalvables.
Los obstáculos que nos encontramos en el camino de nuestros deseos nos plantean un problema que hemos de intentar resolver. En ocasiones se trata de aumentar la fuerza para abordarlo adecuadamente, es decir, insistir. Otras veces lo oportuno es dejar una vía y emprender un rodeo para ir donde queríamos. Ante el fracaso de un intento evidentemente nos sentiremos defraudados pero si toleramos esa frustración y luchamos más buscando rápidamente una alternativa podemos reducir al mínimo la tristeza.
Así mismo, reconocer nuestros fallos y corregirlos es la salida más inteligente frente a los fallos (aprender de los errores): muchos deprimidos prefieren renunciar y sufrir antes que ver cara a cara a su error. Habrá en estas situaciones algo de contradictorio: por no saber aceptar un fracaso provisional, precipita el sujeto con su desesperación uno definitivo.
d) porque el objetivo mismo del deseo es pensado como imposible, insuficientemente interesante o simplemente sin sentido.
En todo momento nos podemos replantear nuestras finalidades si ello nos parece oportuno y conveniente para la felicidad de nuestra vida.
Claro está que las razones por las que enterrar nuestros propios deseos han de ser buenas, ya que de la realización de deseos precisamente sacamos nuestra intensidad de vida. Y efectivamente, existen poderosos motivos para la renuncia, como darse cuenta de la imposibilidad de lo deseado o la incompatibilidad total con otros proyectos que también tuviéramos. En el caso de la depresión todo ello ocurre con irregular frecuencia, y una sobredosis de razones para abandonar nos ponen sobre aviso.
La manera como se arruina un proyecto o un deseo es volviendolo absurdo, criticándolo tendenciosamente, apuñalándolo con un desprecio venenoso. Por ejemplo, un deprimido quiere iniciar un curso de inglés a fin de cultivarse y tener más posibilidades laborales, pero rápidamente le "asalta" la tentación de criticar encarnizadamente la idea: estudiar inglés es una pérdida de tiempo y una concesión al imperialismo americano, los compañeros de curso irán todos a lo suyo y no les resultará amistoso, no entenderá nada, ... y así múltiples pegas de todo tipo actuan, por acumulación aplastante, como una losa que sepulta la naciente ilusión por el proyecto, incitando al abandono.
Una parte del deprimido trabaja mentalmente (como si un cambate particular de ajedrez entre piezas blancas y negras se tatrase), con una especie de inteligencia diabólica, en su propia desanimación. Es su autor, el responsable de ella. Se queja mucho de ser víctima de una depresión de la que quejándose tanto hace de verdugo.
En la medida en la que el deprimido se viera como responsable de lo que le pueda suceder dependiendo de su voluntad, tomando la decisión de no auto-destruirse, comenzara a dejar su posición "suicida"
El deprimido tiene a su disposición una lista de lamentaciones, quejas, reproches, críticas y autocríticas, desvalorizaciones y derrotismos. Como Ulises pueda taparse los oidos para no escuchar esa tentadora (y en su caso hipnótica) canción de sirena que le haría chocar contra los arrecifes, o bien, guiado por una ilusoria soberbia e imprudencia, abrir los odios a esa sugerente y mortífera canción que le desanima, su propia voz destructora."

domingo, 23 de mayo de 2010

Entre 20 y 30




Curioso texto el que me han pasado....



"SÍNDROME DE LOS VEINTITANTOS

(20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y... ¡ ¿¿¿¿ ???? !)
Le llaman 'la crisis del cuarto de vida'.
Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos es más pequeño que hace unos años.
Te das cuenta de que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios, pareja, etc...
Y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato. Las multitudes ya no son 'tan divertidas'... hasta a veces te incomodan.
Y extrañas la comodidad de la escuela, de los grupos, de socializar con la misma gente de forma constante.
Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos otros no eran tan especiales después de todo.
Te empiezas a dar cuenta de que algunas personas son egoístas y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan ser amigos de los más importantes para ti.
Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntas como esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal.
O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor.
Pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios y algunos empiezan a casarse. Quizás tú también amas realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida.
Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos, y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estúpido.
Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo.
Miras tu trabajo y quizás no estés ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo. O quizás estés buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo.
Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes.
Ves lo que los demás están haciendo y te encuentras a ti mismo juzgando un poco más de lo usual porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es.
A veces te sientes genial e invencible, y otras...solo, con miedo y confundido.
De repente tratas de aferrarte al pasado,pero te das cuentade que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando.
Te preocupas por el futuro,préstamos, dinero... y por hacer una vida para ti. Y mientras ganar la carrera sería grandioso, ahora tan sólo quisieras estar compitiendo en ella.

Todos nosotros tenemos 'veintitantos' y nos gustaría volver a los 15-16 algunas veces.
Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza... pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos...
Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro.Parece que fue ayer que teníamos 16...¿¡Entonces mañana tendremos 30!? ¿¡Así de rápido!?
HAGAMOS VALER NUESTRO TIEMPO... QUE NO SE NOS PASE!"

jueves, 20 de mayo de 2010

Lobo con piel de cordero


El énfasis de la verdad es de malvados..... échate a temblar de alguien que dice que es buena persona!

martes, 18 de mayo de 2010

Y digo yo....



Vivimos en una sociedad con claros síntomas de esquizo: alteración en la percepción de la realidad, falta de su conciencia, delirios, etcétera. Una parte de la sociedad consume ingentes cantidades de dinero para adelgazar y, otra, compuesta por millones de individuos, está exenta del problema porque no come. El sistema financiero se asienta en los bancos, los bancos desencadenan las crisis, pero les premiamos con subvenciones para que nos saquen de ella. En cualquier ciudad hay miseria y pobreza, pero un gran número de personas decide ayudar a los mendigos que viven a miles de kilómetros de distancia. Justicieros, exigentes con la honestidad de los demás, cometemos pequeñas corrupciones en nuestras empresas como si las llevara a cabo otra persona. Valientes y aguerridos en el bar, casi generosos, miramos hacia otra parte cuando al compañero de trabajo se le persigue, se le acosa y se le acorrala. Apenas se cocina en las casas, pero nunca hubo tantos canales de televisión dedicados a la cocina. Aborrecemos de la telebasura, pero esos programas alcanzan audiencias millonarias, mientras los dedicados a la cultura agonizan en medio de una casi absoluta soledad.

Después de esto sólo podrá gobernarnos un psiquiatra.

viernes, 14 de mayo de 2010

"Sonríe Naroa, sonríe!"


Son unas líneas que escrbí una noche después de un muy mal día y trago de cerveza, pero siempre cuando las fuerzas flaquean y el suelo bajo mis pies se tambalea un poco, salen de la caja de madera donde tengo todos mis papelotes guardados y las leo una y mil veces. Data del 13 de diciembre de 2006.
Esto y un poco de mar en silencio desde el balcón susurrando a los oídos que me dice "Sonríe Naroa, sonríe!" y todo cambia un poco de color.

"Esta la coloco aquí. Y esta aquí. Casi está. No, espera: hay que sacar esa y poner esta otra en su lugar. Sí, así está bien.
Vas colocando piezas hasta formar un todo con entidad propia. Te equivocas. Sacas una pieza. Pruebas con otra. El resultado no es el que buscas. Desmontas una parte. La vuelves a colocar. Refunfuñas.
Y eso es precisamente la vida. Un continuo movimiento de piezas. Ahora muevo la sal de la vida, el amor, para este lado. Los lamentos que me anclan al pasado, esos, los dejo a en esta zona, junto al enfado. Tengo en mis dedos el arrepentimiento, que es sincero y lo quiero aquí cerca de la sinceridad. La envidia, aunque pequeña, también existe. Es esta pieza. La dejo entre el orgullo y el egocentrismo. El odio, la bondad,... tantas y tantas piezas; pequeñas, grandes, cuadradas, octogonales, con aristas, sin ellas, las muevo una y otra vez buscando un equilibrio que a veces sí encuentro. Y entonces avanzo."

miércoles, 12 de mayo de 2010

La Biblia de mis deseos.




Si alguien quiere hacerme una sorpresa o hacer que un deseo mio se cumpla, aqui teneis la "Biblia de mis Deseos" que quiero hacer antes de morir. (Iré ampliando lista)

•Decir a las personas que quiero que las quiero.
•Vivir una temporada en África.
•Cenar y después fiesta con Quique González y Leiva.
•Terminar la carrera.
•Contarle a alguien la historia de mi vida, sin ocultar ningún detalle.
•Casarme.
•Hacer un pedazo de bodorrio.
•Tener tres hijos.
•Nadar con delfines.
•Montar una escuela en el Sahara.
•Ir a San Fermines toda la semana con el bolsillo lleno de dinero.
•Tener una conversación profunda y reflexiva con un indigente.
•Hacer un curso de pilotaje en Finlandia.
•Visitar todos los continentes.
•Romper una vajilla entera contra el suelo.
•Publicar un libro.
•Ir a Argentina
•Pasar todo un día comiendo “comida basura” sin sentirte culpable.
•Llevar el pelo corto.
•Ponerme a bailar sin importarme que me estén mirando.
•Aprender dos lenguas extranjeras.
•Trabajar en una residencia para niños enfermos.
•Viajar sola.
•Invitar a todos mis amigos a cenar para luego enviarles una lista de todo lo que se comieron.
•Tener un mini negro (retrovisores y techo con cuadritos).
•Leer un libro en una sola noche.
•Volar en un globo.
•Bucear.
•Viajar por carretera sin tener un destino fijo.
•Conocer las 7 maravillas.
•Hacer la ruta 66.
•Darme un baño a la luz de las velas con alguien especial en una bañera gigante.
•Repetir todas las que valgan la pena.